Posteado por: FREDY FERIS | 8 de julio de 2009

MIS POEMAS PREFERIDOS DE NICOLÁS GUILLÉN

NEGRO BEMBÓN

¿Po qué te pone tan brabo,

cuando te dicen negro bembón,

si tiene la boca santa,

negro bembóm?

Bembón así como ere

tiene de tó;

Caridá te mantiene, te lo dá tó.

Te queja todabía,

negro bembón;

sin pega y con harina,

negro bembón,

majagua de drí blanco,

negro bembón;

sapato de dó tono,

negro bembón.

Bembón así como ere

tiene de tó;

Caridá te mantiene, te lo dá tó.

MULATA

Ya yo em enteré, mulata,

mulata, ya sé que dise

que yo tengo la narise

como nudo de cobbata.

Y fíjate bien que tú

no ere tan adelantá,

poqque tu boca é bien grande,

y tu pasa, colorá.

Tanto tren con tu cueppo,

tanto tren;

tanto tren con tu boca,

tanto tren;

tanto tren con tu sojo,

tanto tren.

Si tú supiera, mulata,

la veddá:

que yo con mi negra tengo,

y no te quiero pa ná!

CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé!

Repica el congo solongo,

repica el negro bien negro;

congo solongo del Songo

baila yambó sobre un pie.

Mamatomba,

serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma,

el negro se ajuma y canta,

el negro canta y se va.

Acuememe serembó,

yambó,

aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba,

tamba del negro que tumba;

tumba del negro, caramba,

caramba, que el negro tumba:

¡yamba, yambó, yambambé!

NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ

No sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo,

si somos la misma cosa

yo,

tú.

Tú eres pobre, lo soy yo;

soy de abajo, lo eres tú;

¿de dónde has sacado tú,

soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú

te olvides de quién soy yo;

caramba, si yo soy tú,

lo mismo que tú eres yo.

Pero no por eso yo

he de malquererte, tú;

si somos la misma cosa,

yo,

tú,

no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo.

Ya nos veremos yo y tú,

juntos en la misma calle,

hombro con hombro, tú y yo,

sin odios ni yo ni tú,

pero sabiendo tú y yo,

a dónde vamos yo y tú…

¡no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo!

LA CANCIÓN DEL BONGÓ

Esta es la canción del bongó:

—Aquí el que más fino sea,

responde, si llamo yo.

Unos dicen: Ahora mismo,

otros dicen: Allá voy.

Pero mi repique bronco,

pero mi profunda voz,

convoca al negro y al blanco,

que bailan el mismo son,

cueripardos y almiprietos

más de sangre que de sol,

pues quien por fuera no es de noche,

por dentro ya oscureció.

Aquí el que más fino sea,

responde, si llamo yo.

En esta tierra, mulata

de africano y español

(Santa Bárbara de un lado,

del otro lado, Changó),

siempre falta algún abuelo,

cuando no sobra algún Don

y hay títulos de Castilla

con parientes en Bondó:

Vale más callarse, amigos,

y no menear la cuestión,

porque venimos de lejos,

y andamos de dos en dos.

Aquí el que más fino sea,

responde si llamo yo.

Habrá quién llegue a insultarme,

pero no de corazón;

habrá quién me escupa en público,

cuando a solas me besó…

A ése, le digo:

—Compadre,

ya me pedirás perdón,

ya comerás de mi ajiaco,

ya me darás la razón,

ya me golpearás el cuero,

ya bailarás a mi voz,

ya pasearemos del brazo,

ya estarás donde yo estoy:

ya vendrás de abajo arriba,

¡que aquí el más alto soy yo!

CUANDO YO VINE A ESTE MUNDO

Cuando yo vine a este mundo,

nadie me estaba esperando;

así mi dolor profundo

se me alivia caminando,

pues cuando vine a este mundo,

te digo,

nadie me estaba esperando.

Miro a los hombres nacer,

miro a los hombres pasar;

hay que andar,

hay que mirar para ver,

hay que andar.

Otros lloran, yo me río,

porque la risa es salud:

Lanza de mi poderío,

coraza de mi virtud.

Otros lloran, yo me río,

porque la risa es salud.

Camino sobre mis pies,

sin muletas ni bastón,

y mi voz entera es

la voz entera del son.

Camino sobre mis pies,

sin muletas ni bastón.

Con el alma en carne viva,

abajo, sueño y trabajo;

ya estará el de abajo arriba

cuando el de arriba esté abajo.

Con el alma en carne viva,

abajo, sueño y trabajo.

Hay gentes que no me quieren,

porque muy humilde soy;

ya verán cómo se mueren

y que hasta a su entierro voy,

con eso y que no me quieren

porque muy humilde soy.

Miro a los hombres nacer,

miro a los hombres pasar;

hay que andar,

hay que vivir para ver,

hay que andar.

Cuando yo vine a este mundo,

te digo,

nadie me estaba esperando;

así mi dolor profundo,

te digo,

se me alivia caminando,

te digo,

pues cuando vine a este mundo,

te digo,

¡nadie me estaba esperando!

SON NUMERO 6

Yoruba soy, lloro en yoruba

lucumí.

Como soy un yoruba de Cuba,

quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba,

que suba el alegre llanto yoruba

que sale de mí.

Yoruba soy,

cantando voy,

llorando estoy,

y cuando no soy yoruba,

soy congo, mandinga, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que empieza así:

Adivinanza

de la esperanza:

lo mío es tuyo,

lo tuyo es mío;

toda la sangre

formando un río.

La ceiba ceiba con su penacho;

el padre padre con su muchacho;

la jicotea en su carapacho.

¡Que rompa el son caliente,

y que lo baile la gente,

pecho con pecho,

vaso con vaso

y agua con agua con aguardiente!

Yoruba soy, soy lucumí,

mandinga, congo, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:

Estamos juntos desde muy lejos,

jóvenes, viejos,

negros y blancos, todo mezclado;

uno mandando y otro mandado,

todo mezclado;

San Berenito y otro mandado

todo mezclado;

negros y blancos desde muy lejos,

todo mezclado;

Santa María y uno mandado,

todo mezclado;

todo mezclado, Santa María,

San Berenito, todo mezclado,

todo mezclado, San Berenito,

San Berenito, Santa María,

Santa María, San Berenito,

¡todo mezclado!

Yoruba soy, soy lucumí,

mandinga, congo, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:

Salga el mulato,

suelte el zapato,

díganle al blanco que no se va…

De aquí no hay nadie que se separe;

mire y no pare,

oiga y no pare,

beba y no pare,

coma y no pare,

viva y no pare,

¡que el son de todos no va a parar!

BALADA DE LOS DOS ABUELOS

Sombras que sólo yo veo,

me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,

tambor de cuero y madera:

mi abuelo negro.

Gorguera en el cuello ancho,

gris armadura guerrera:

mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo

los de mi negro;

pupilas de vidrio antártico

las de mi blanco.

África de selvas húmedas

y de gordos gongos sordos…

—¡Me muero!

(Dice mi abuelo negro.)

Aguaprieta de caimanes,

verdes mañanas de cocos…

—¡Me canso!

(Dice mi abuelo blanco.)

Oh velas de amargo viento,

galeón ardiendo en oro…

—¡Me muero!

(Dice mi abuelo negro.)

¡Oh costas de cuello virgen

engañadas de abalorios…!

—¡Me canso!

(Dice mi abuelo blanco.)

¡Oh puro sol repujado,

preso en el aro del trópico;

oh luna redonda y limpia

sobre el sueño de los monos!

¡Qué de barcos, qué de barcos!

¡Qué de negros, qué de negros!

¡Qué largo fulgor de cañas!

¡Qué látigo el del negrero!

Piedra de llanto y de sangre,

venas y ojos entreabiertos,

y madrugadas vacías,

y atardeceres de ingenio,

y una gran voz, fuerte voz,

despedazando el silencio.

¡Qué de barcos, qué de barcos,

qué de negros!

Sombras que sólo yo veo,

me escoltan mis dos abuelos.

Don Federico me grita

y Taita Facundo calla;

los dos en la noche sueñan

y andan, andan.

Yo los junto.

—¡Federico!

¡Facundo! Los dos se abrazan.

Los dos suspiran. Los dos

las fuertes cabezas alzan:

los dos del mismo tamaño,

bajo las estrellas altas;

los dos del mismo tamaño,

ansia negra y ansia blanca,

los dos del mismo tamaño,

gritan, sueñan, lloran, cantan.

Sueñan, lloran. Cantan.

Lloran, cantan.

¡Cantan!

ANGUSTIA CUARTA

Federico

Toco a la puerta de un romance.

-¿No anda por aquí Federico?

Un papagayo me contesta:

-Ha salido.

Toco a una puerta de cristal.

-¿No anda por aquí Federico?

Viene una mano y me señala:

-Está en el río.

Toco a la puerta de un gitano.

-¿No anda por aquí Federico?

Nadie responde, no habla nadie…

-¡Federico! ¡Federico!

La casa oscura, vacía;

negro musgo en las paredes;

brocal de pozo sin cubo,

jardín de lagartos verdes.

Sobre la tierra mullida

caracoles que se mueven,

y el rojo viento de julio

entre las ruinas, meciéndose.

¡Federico!

¿Dónde el gitano se muere?

¿Dónde sus ojos se enfrían?

¡Dónde estará, que no viene!

(Una canción)

«Salió el domingo, de noche,

salió el domingo, y no vuelve.

Llevaba en la mano un lirio,

llevaba en los ojos fiebre;

el lirio se tornó sangre,

la sangre tornóse muerte».

(Momento en García Lorca)

Soñaba Federico en nardo y cera,

y aceituna y clavel y luna fría.

Federico, Granada y Primavera.

En afilada soledad dormía,

al pie de sus ambiguos limoneros,

echado musical junto a la vía.

Alta la noche, ardiente de luceros,

arrastraba su cola transparente

por todos los caminos carreteros.

«¡Federico!», gritaron de repente,

con las manos inmóviles, atadas,

gitanos que pasaban lentamente.

¡Qué voz la de sus venas desangradas!

¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!

¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

Iban verdes, recién anochecidos;

en el duro camino invertebrado

caminaban descalzos los sentidos.

Alzóse Federico, en luz bañado.

Federico, Granada y Primavera.

y con luna y clavel y nardo y cera,

los siguió por el monte perfumado.

CAMINANDO

Caminando, caminando,

¡caminando!

Voy sin rumbo caminando,

caminando;

voy sin plata caminando,

caminando;

voy muy triste caminando,

caminando.

Está lejos quien me busca,

caminando;

quien me espera está más lejos,

caminando;

y ya empeñé mi guitarra,

caminando.

Ay,

las piernas se ponen duras,

caminando;

los ojos ven desde lejos,

caminando;

la mano agarra y no suelta,

caminando.

Al que yo coja y lo apriete,

caminando,

ése la paga por todos,

caminando;

a ése le parto el pescuezo,

caminando,

y aunque me pida perdón,

me lo como y me lo bebo,

me lo bebo y me lo como,

caminando,

caminando,

caminando…

SENSEMAYÁ

Canto para matar a una culebra.

¡Mayombe—bombe—mayombé!

¡Mayombe—bombe—mayombé!

¡Mayombe—bombe—mayombé!

La culebra tiene los ojos de vidrio;

la culebra viene y se enreda en un palo;

con sus ojos de vidrio, en un palo,

con sus ojos de vidrio.

La culebra camina sin patas;

la culebra se esconde en la yerba;

caminando se esconde en la yerba,

caminando sin patas.

¡Mayombe—bombe—mayombé!

¡Mayombe—bombe—mayombé!

¡Mayombe—bombe—mayombé!

Tú le das con el hacha y se muere:

¡dale ya!

¡No le des con el pie, que te muerde,

no le des con el pie, que se va!

Sensemayá, la culebra,

sensemayá.

Sensemayá, con sus ojos,

sensemayá.

Sensemayá, con su lengua,

sensemayá.

Sensemayá, con su boca,

sensemayá.

La culebra muerta no puede comer,

la culebra muerta no puede silbar,

no puede caminar,

no puede correr.

La culebra muerta no puede mirar,

la culebra muerta no puede beber,

no puede respirar

no puede morder.

¡Mayombe—bombe—mayombé!

Sensemayá, la culebra…

¡Mayombe—bombe—mayombé!

Sensemayá, no se mueve…

¡Mayombe—bombe—mayombé!

Sensemayá, la culebra…

¡Mayombe—bombe—mayombé!

Sensemayá, se murió.

EL MAL DEL SIGLO

Señor, Señor, ¿por qué odiarán los hombres

al que lucha, al que suena y al que canta?

¿Qué puede un cisne dulce

guardar sino ternuras en el alma?

¡cuán doloroso es ver que cada ensayo,

para volar, provoca una pedrada,

un insulto mordaz, una calumnia!…

¿por qué será la Humanidad tan mala?

¿Por qué junto al camino de la Gloria

siempre la Envidia pálida

acecha el paso del romero cándido

y le lanza su flecha envenenada?

Almas que se revuelcan en el lodo

¿por qué serán las almas

que siempre han de manchar las vestiduras

de aquel que lleva vestiduras blancas?

¡Cómo castiga el mundo

al que nació con alas

y suena con la luz del Infinito

desde las lobregueces de la jaula!

Este siglo egoísta

nunca ha sabido de quimeras cándidas,

ni de ilusiones, ni de empenos nobles:

este siglo se arrastra.

Estos hombres de ahora sólo piensan

en el oro, que enfanga

todas las limpideces de la vida

y todas las alburas de las almas.

Señor, ya nadie suena;

Señor, ya nadie canta.

Los caballeros de este siglo buscan

la oscuridad de arteras emboscadas

y en sus noches sin gloria jamás viven

su fina aristocracia,

y el eco de una lira,

el amor de una dama

y el brillo, ante el asombro de la luna,

del acero atrevido de una espada…

Y manos que se esconden en la sombra

son las manos que clavan

el puñal de imprevistas cobardías

Y traiciones satánica

sobre todos los pechos sin amparo

y todas las espaldas.

Yo no puedo vivir en este siglo

sin cerebro y sin alma.

Señor, Señor: yo soy águila o cisne:

dame una cumbre altiva, como el águila,

para olvidar en ella

mi lírica nostalgia,

o igual que al cisne, dame

como suprema gracia,

un lago silencioso y solitario,

de ondas azules y de espumas blancas.

RIMA INGENUA

“Hoy cruzó indiferente por mi lado

la que antes fuera el ángel de mi amor

y aunque al pasar no me miró siquiera,

miró hacia atrás tan luego que pasó.

No sé si sufro o gozo al encontrarla,

si ella aún me quiere, si aún la quiero yo;

pero sé que al pasar también yo miro,

lo mismo que al pasar ella miró”

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